Tras el paso de una de las tormentas más mortíferas que han azotado Filipinas este año, los equipos de rescate trabajaron el viernes entre calles cubiertas de lodo y casas destrozadas, lidiando con un creciente número de víctimas mortales que ha devastado comunidades en toda la región central de Visayas.
El tifón Tino, conocido internacionalmente como Kalmaegi, se ha cobrado al menos 188 vidas, con 135 personas desaparecidas y 96 heridas, según las últimas cifras del Consejo Nacional de Gestión y Reducción del Riesgo de Desastres (NDRRMC).
Los feroces vientos y las lluvias torrenciales de la tormenta provocaron inundaciones repentinas y deslizamientos de tierra, que devastaron especialmente la provincia insular de Cebú, donde se produjo la mayoría de las muertes.
“Es como si la tierra se hubiera tragado nuestras casas”, dijo María Santos, una madre de 52 años del barrio Guadalupe en la ciudad de Cebú, con la voz temblorosa al describir la pérdida de dos hijos en un deslizamiento de tierra. El desastre ha desplazado a más de 500.000 personas, obligándolas a refugiarse en centros de evacuación.
Por otro lado, las operaciones de rescate sufrieron una tragedia adicional cuando un helicóptero del gobierno se estrelló durante una misión de búsqueda, dejando heridos a los miembros de la tripulación y retrasando la ayuda a las zonas remotas.
El presidente Ferdinand Marcos Jr. declaró rápidamente el estado de calamidad en todo el país, desbloqueando fondos de emergencia para las labores de socorro, incluyendo la distribución de alimentos y la habilitación de refugios temporales.



