La publicación del presidente Donald Trump en Truth Social y X la víspera del Día de Acción de Gracias, en la que prometía una “pausa permanente” a la migración de “todos los países del Tercer Mundo” hasta que el sistema de inmigración estadounidense se “recupere por completo”, ha generado temores de consecuencias devastadoras.
Desencadenada por el asesinato a tiros de la miembro de la Guardia Nacional Sarah Beckstrom a manos de un asilado afgano, la retórica indica un giro agresivo hacia las deportaciones masivas y la “migración inversa”.
La “migración inversa” podría causar una crisis financiera nacional e internacional, cuyas señales ya se han sentido con las redadas
El llamado de Trump a desnaturalizar a quienes “socavan la tranquilidad nacional” o califican como “cargas públicas” podría afectar a los residentes de larga duración, fracturando familias y comunidades.
Los expertos advierten que esto podría acelerar las deportaciones de hasta 1,5 millones de extranjeros de países en desarrollo, incluyendo a titulares de Green Card que están siendo revisados en 19 “países de alto riesgo”.
Quienes apoyan la medida la presentan como una salvaguardia de la soberanía, pero los críticos, incluidos exfuncionarios del DHS, advierten sobre el “caos” que podrían causar los procedimientos de revisión y expulsión por la sobrecarga de recursos del ICE.
En términos económicos, la pausa podría generar escasez de mano de obra en la agricultura, la construcción y la atención médica, donde los inmigrantes de estas regiones ocupan el 20% de los puestos, lo que podría inflar los costos entre un 5% y un 10%, según el Instituto de Política Migratoria.
A nivel internacional, aliados como Canadá y la UE la denuncian como xenófoba y amenazan los pactos comerciales y los acuerdos para compartir refugiados.
De la misma manera, podría saturar las frágiles economías en lugares como Haití, Somalia y Venezuela, exacerbando las crisis humanitarias.



