En una sorprendente muestra de independencia judicial, los jueces federales, incluyendo muchos nombrados por el presidente Donald Trump, rechazan en gran medida la agresiva política de control migratorio de la administración.
Implementada por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), la estrategia exige la detención sin audiencias de fianza para inmigrantes indocumentados arrestados en el interior de Estados Unidos, independientemente de su tiempo de residencia o ausencia de antecedentes penales.
Esta reinterpretación de leyes con décadas de antigüedad ha provocado una avalancha de demandas, desbordando los tribunales federales de todo el país.
Un análisis exhaustivo revela que 373 jueces federales han fallado en contra de la política, en comparación con solo 28 que la han ratificado.
Entre los jueces nombrados por el propio Trump, 44 se han pronunciado en contra de la administración, lo que pone de relieve un consenso judicial bipartidista sobre el derecho al debido proceso.
Los críticos argumentan que la política contradice el lenguaje legal y tres décadas de precedentes, lo que da lugar a detenciones indefinidas y a problemas constitucionales.
La justicia y la legalidad predominan ante la presión de la Administración Trump para aumentar las deportaciones
Sin embargo, la administración obtuvo una victoria poco común cuando un panel dividido del Tribunal de Apelaciones del Quinto Circuito confirmó las detenciones sin fianza en una decisión de 2 a 1, revirtiendo las órdenes de tribunales inferiores y posiblemente allanando el camino para la revisión de la Corte Suprema.
Este fallo, respaldado por dos jueces nominados por el Partido Republicano, se destaca como un caso excepcional en medio de rechazos generalizados. La política ha sobrecargado los recursos judiciales, y los jueces acusan al ICE de desafiar las órdenes de liberación al trasladar a los detenidos a otros estados.
Según informes, las muertes de detenidos se triplicaron a 32 el año pasado, lo que ha generado indignación.
Los expertos legales predicen una escalada de tensiones, con posibles implicaciones en reformas migratorias y judiciales bajo el gobierno de Trump.



