En un caso desgarrador que pone de relieve los peligros de la deportación, Jesús Carpio, venezolano residente en Orlando, Florida, fue asesinado pocos días después de ser devuelto a su país de origen.
Carpio, quien gozaba del Estatus de Protección Temporal (TPS) y tenía una solicitud de asilo pendiente, fue detenido por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) tras una inspección de tráfico rutinaria en Florida Central.
A pesar de pagar la fianza fijada por un juez local, fue transferido a custodia federal y deportado tras un mes detenido. Según su esposa, la familia había huido de Venezuela debido a la creciente inseguridad en su comunidad.
Carpio llegó a Venezuela a finales de febrero de 2026 y fue liberado por las autoridades al día siguiente. El 27 de febrero, en Tucupido, estado de Guárico, dos hombres armados en una motocicleta emboscaron su casa, disparando sin previo aviso.
Carpio recibió múltiples disparos mortales y murió camino a un centro médico que carecía de suministros adecuados.
Su padre, José Alejandro Carpio Matos, resultó herido, pero sobrevivió y se recupera. El ataque está bajo investigación, con posibles motivos que incluyen asesinato selectivo o extorsión.
La esposa y los hijos pequeños de Carpio permanecen en Orlando, devastados, y piden apoyo a través de una campaña de GoFundMe en la que se puede leer lo siguiente:
“Mi hermano llegó a Estados Unidos buscando protección y un futuro mejor para sus hijos. Tenía su proceso de asilo pendiente y contaba con TPS. Creía que estaba haciendo las cosas correctamente. Creía que estaba seguro. Pero fue detenido tras una parada policial y posteriormente deportado a Venezuela. Al llegar, lo asesinaron”.
Este incidente pone de relieve los debates en curso sobre las políticas migratorias de Estados Unidos, en particular para quienes huyen de la violencia.
Hasta el 4 de marzo de 2026, no se había informado de ninguna respuesta oficial del ICE.



