El conflicto entre Estados Unidos e Irán, denominado Operación Furia Épica, estalló el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados contra objetivos y líderes militares iraníes.
Esta escalada se produjo tras años de tensiones por el programa nuclear iraní y su influencia regional. Hasta el 9 de marzo de 2026, la guerra había causado importantes bajas militares en ambos bandos, y Estados Unidos reportó siete militares muertos en combate.
El Pentágono identificó a varias víctimas, entre ellas los miembros de la Reserva del Ejército, el capitán Cody A. Khork, los sargentos Nicole M. Amor, Declan J. Coady, Noah L. Tietjens, el mayor Jeffrey R. O’Brien y el suboficial jefe Robert M. Marzan. Otros 20 soldados estadounidenses resultaron heridos.
El presidente Trump ha reconocido que se esperan más bajas estadounidenses a medida que continúan las operaciones.
En cuanto a Irán, las estimaciones varían considerablemente. Fuentes estadounidenses e israelíes afirman que aproximadamente 3.000 militares iraníes murieron, además de la destrucción de 43 buques de guerra y pérdidas significativas de aviación.
La guerra ha involucrado a actores regionales, con contraataques iraníes dirigidos contra bases estadounidenses en Arabia Saudita, Kuwait y otros lugares. Los precios del petróleo se han disparado en medio de las interrupciones, y grupos humanitarios advierten sobre el aumento de las víctimas civiles.
A medida que se intensifican los combates, aumentan los llamamientos mundiales a la desescalada, pero ambas partes permanecen atrincheradas.



