En un artículo publicado el 18 de marzo de 2026 por The Cut, la pediatra Dra. Sural Shah, presidenta del Consejo de Salud Infantil y Familiar de Inmigrantes de la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP), detalló el grave impacto físico y mental que la detención de inmigrantes tiene en los niños, en medio del aumento de las detenciones bajo políticas de control migratorio más estrictas.

La Dra. Shah enfatizó: “No existen formas seguras de detener a los niños”. El estrés prolongado activa de forma crónica la respuesta de lucha o huida del cuerpo, lo que altera el desarrollo cerebral, los sistemas cardiovascular e inmunitario, y el crecimiento general. Incluso exposiciones breves pueden causar daños duraderos, lo que se considera una experiencia adversa en la infancia (EAI).
Las infancias detenidas en centros de detención migratorios como los de Dilley en Texas presentan tristeza, retrasos en el desarrollo, dificultad para dormir y ansiedad
Los niños en centros como el Centro de Procesamiento de Inmigración de Dilley, en Texas, presentan regresión: pesadillas, enuresis nocturna, rechazo a la comida, trastornos del sueño, aislamiento, dependencia excesiva, autolesiones, agresividad y retrasos en el desarrollo.
Algunos ejemplos incluyen el caso de un niño de 13 años que desarrolló terrores nocturnos y enuresis tras varios días bajo custodia, un bebé de 9 meses que perdió mucho peso, lo que puso en riesgo su salud cerebral, y brotes de sarampión debido a la falta de higiene y la atención médica limitada.
Condiciones como habitaciones frías, luz constante, alimentación e hidratación inadecuadas y retraso en el tratamiento agravan riesgos como deficiencias nutricionales, retraso en el crecimiento y enfermedades infecciosas.
Las investigaciones respaldan altas tasas de trastorno de estrés postraumático (alrededor del 32%), depresión (42%), ansiedad y trauma a largo plazo.
La Academia Estadounidense de Pediatría (AAP) se opone a la detención infantil y aboga por una exposición limitada y alternativas familiares, ya que la separación y la incertidumbre agravan efectos como dolor de pecho por ansiedad, bajo rendimiento escolar y vulnerabilidades de salud de por vida.
Los niños merecen cuidado, estabilidad y seguridad, no entornos que pongan en riesgo su bienestar de por vida. Los pediatras instan a la liberación y a mejores alternativas para proteger a los jóvenes vulnerables.



