Marina López, una guatemalteca residente en Chicago, Illinois, finalmente fue liberada de la custodia de ICE y se reunió con su familia el 24 de diciembre de 2025, justo a tiempo para Navidad, tras casi siete meses de detención.
El calvario comenzó el 4 de junio de 2025, cuando López asistió a una cita rutinaria en la corte de inmigración en Chicago. Dos días antes, había recibido un mensaje de texto recordándole la fecha. Esperando un registro estándar, fue arrestada por agentes de ICE en el juzgado y trasladada primero a las instalaciones de Broadview en Illinois y luego a un centro de detención en Kentucky.
Su esposo expresó un profundo alivio: “El único regalo que quería era que mi esposa regresara. Eso era todo lo que pedí. Le rogué a Dios por su regreso”. Marina compartió entre lágrimas el emotivo reencuentro: “Lloré toda la noche por ellos… al entrar aquí, sentí una emoción increíble”.
Su liberación se produjo tras una larga batalla legal, en la que un abogado federal presentó pruebas de su buena conducta y sus vínculos con la comunidad.
López, quien lleva diez años viviendo en Estados Unidos con su esposo y sus tres hijos menores, describió las duras condiciones, incluyendo burlas del personal por necesidades básicas como el agua. “Nos engañaron con un vaso… y se rieron: ‘Aquí no habrá agua para ningún inmigrante'”, relató.
Este caso pone de relieve el impacto humano de la intensificación de las medidas migratorias, donde las citas rutinarias se convierten en separaciones prolongadas, dejando a las familias en la angustia.



