Como cada año desde el siglo XVII, Guatemala se despidió del mal con fuego.
La tradición de “La Quema del Diablo” volvió a llenar las calles de humo, música y piñatas ardiendo. Pero esta vez, entre las llamas, apareció una cara muy conocida: la de Donald Trump.
A las 6:00 p.m. en punto, en la plaza central de la capital, una gigantesca efigie del diablo fue quemada sosteniendo la cabeza del primer mandatario estadounidense. Minutos después, todo era cenizas mientras la multitud gritaba, bailaba y lanzaba cohetes.
“Es tradición quemar lo malo del año”, explicó doña Marta, vecina de la zona 5 que llevaba 40 años participando. “Y este año, muchos sentimos que lo peor viene del norte”.
No es la primera vez. En 2016, cuando Trump ganó las elecciones, también fue protagonista de la quema. Nueve años después, con su regreso a la Casa Blanca y las recientes amenazas de aranceles del 25 % y deportaciones masivas, la antipatía parece haberse renovado.
La tradición, explican los historiadores, nació en la época colonial para honrar la Inmaculada Concepción y “limpiar” el camino hacia la Navidad. Antes se quemaba solo basura y trastos viejos. Hoy se queman políticos, corrupción y, cuando toca, presidentes extranjeros.
Mientras las brasas se apagaban anoche en la Avenida Bolívar, un niño preguntaba a su papá: “¿El año que viene también va a salir Trump?”. El padre se rió y respondió: “Depende, mijo… depende de cuánto nos siga dando motivos”.
Y así, entre risas y pólvora, Guatemala cerró el 2025 quemando sus demonios. Literalmente.



