Una tarea rutinaria se tornó fatal el 21 de octubre de 2025, cuando Ángel Anthony Rojas, de 24 años, un esposo y padre devoto, murió aplastado por una enorme bóveda funeraria de hormigón en la funeraria y cementerio Restland.
El joven trabajador hispano, empleado desde los 19 años para mantener a su familia, estaba trasladando solo las bóvedas de 1500 libras a una tumba en Greenville Avenue cuando una de ellas se deslizó y lo inmovilizó de cintura para abajo.
En sus desesperados últimos momentos, Rojas primero llamó al 911 y luego dejó un mensaje de voz a su esposa, Nataly Galaviz, con la voz temblorosa: «Tengo miedo… Solo quiero ir a casa con nuestro hijo».
Su hijo de casi 4 años, Ángel Noel, se quedó sin padre.
Los bomberos llegaron rápidamente, trabajando durante más de 45 minutos con airbags y separadores para liberarlo; no obstante, Rojas sucumbió a sus heridas.
Su esposa exige respuestas ante lo que califica como “negligencia grave”
Galaviz, desconsolada, criticó duramente a la funeraria por «negligencia grave» y cuestionó por qué su marido había sido aislado con un equipo tan pesado.
El abogado de la familia, Matthew Graham, se hizo eco de la indignación e insinuó una demanda por fallos de seguridad: «estamos recopilando información para ver si será necesario presentar una demanda».
Restland expresó su pesar en un comunicado y se comprometió a cooperar con la investigación en curso de la OSHA sobre los protocolos y la formación.
Medios locales reportan que una investigación ha sido iniciada por la OSHA en Texas.



