Carlos Eduardo Reyes Ramírez, un padre mexicano de 45 años, fue hallado sin vida dentro de un caluroso vagón de carga en el sur de Texas, víctima de una tragedia de tráfico humano que ha conmocionado a la comunidad migrante.
El sábado anterior, Reyes Ramírez envió un mensaje final a su esposa: “Me acabo de subir al tren rumbo a San Antonio”. Horas después, operarios de Union Pacific descubrieron su cuerpo junto al de otros seis migrantes en un patio ferroviario de Laredo.

El reporte forense confirmó que fallecieron por asfixia y golpes de calor extremos debido a las altas temperaturas del contenedor metálico.
Reyes Ramírez, quien vivió en San Antonio por 26 años, había sido deportado a México.
Decidió arriesgar su vida para regresar tras enterarse de que su hijo de 12 años sufría una profunda depresión y acoso escolar severo, ya que sus compañeros se burlaban de él porque su padre había sido deportado.
Las autoridades del Condado de Webb lograron identificarlo mediante huellas dactilares.



