Lo que se suponía que serían unas felices fiestas se convirtió en una pesadilla para muchos en el norte de California cuando una poderosa tormenta invernal azotó la región el día de Navidad, desatando lluvias torrenciales, vientos destructivos e inundaciones generalizadas.
La tormenta, impulsada por un río atmosférico, provocó intensas lluvias en el Área de la Bahía de San Francisco, con alertas de inundaciones repentinas emitidas para ciudades como San Francisco, Daly City, South San Francisco, Oakland y Berkeley.
El diluvio se acompañó de alertas de tormenta eléctrica severa, con ráfagas de viento de hasta 112 km/h en algunas zonas. El Servicio Meteorológico Nacional informó sobre la posibilidad de tornados breves y destacó el riesgo de inundaciones rápidas en las calles debido a las altas precipitaciones.
Los cortes de electricidad afectaron a más de 170 mil clientes en su punto máximo, y la caída de árboles y cables contribuyó a las interrupciones. Las carreteras se volvieron peligrosas, lo que provocó derrapes, cierres y retrasos en los aeropuertos.
Los cortes de electricidad afectaron a más de 124.000 clientes de PG&E en su punto máximo, y la caída de árboles y cables contribuyó a las interrupciones. Las carreteras se volvieron peligrosas, lo que provocó derrapes, cierres y retrasos en los aeropuertos.
Las autoridades instaron a los residentes a evitar viajes innecesarios, dar la vuelta en las carreteras inundadas y mantenerse alerta.
Mientras las familias se refugian para unas vacaciones poco convencionales, la tormenta sirve como duro recordatorio de la vulnerabilidad ante los fenómenos meteorológicos extremos, amplificados por los patrones climáticos.



